A Hombros de Gigantes

Aunque la frase se ha hecho célebre a raíz del libro de Stephen Hawking, este hace referencia a la frase de Sir Isaac Newton :

Si he visto más lejos es porque estoy sentado sobre los hombros de gigantes

Lo que quiere decir es que las grandes revoluciones científicas no son sólo el fruto de una inspiración personal, sino que esta llega gracias al trabajo que se ha ido desarrollando a lo largo de los años y que permite que esa persona tenga en esos momentos esa “revelación” (o más comúnmente se le “encienda la bombilla”).

Mucha gente considera que Albert Einstein era un empleado de una oficina de patentes de Suiza que había sacado malas notas en el colegio y al que le vino una especie de “inspiración” que revolucionó todo lo que sabíamos.

El tema de las malas notas es una leyenda, basada en que el sistema de puntuación en Alemania era diferente del actual en España. Fue un buen estudiante de Física, con conocimientos, que trabajaba en la oficina de patentes hasta lograr entrar como profesor en una universidad.  No es como alguien que trabaja en un supermercado apilando carros de la compra y un día de golpe se le ocurre que igual las partículas elementales encajan formando cadenas que forman los bloques elementales de la materia y formula una teoría que revoluciona nuestra comprensión del universo.

Entre 1904 y 1905 Albert Einstein formuló la Teoría de la Relatividad Especial y la Teoría de la Relatividad General, en lo que se conoce como el año milagroso.

Una de las bases de sus teorías es que la luz se mueve a velocidad constante independientemente de la velocidad del observador. Esto va contra el sentido común ya que nuestra experiencia nos dice que si corremos hacia algo nos acercamos,  pero en cambio la luz de una estrella nos llega a la misma velocidad vayamos hacia ella o nos estemos alejando de ella.

La cuestión es que desde 1880 (25 años antes!) ya se había demostrado experimentalmente que la luz mantenía su velocidad independientemente de nuestra dirección gracias a Albert Michelson y Edward Morley , pero aún así la comunidad científica se negaba a aceptarlo buscando explicaciones alternativas.

Esto por un lado nos debe de hacer reflexionar sobre el ser humano y sobre la Ciencia. Los científicos ateos muchas veces han culpado a las religiones de frenar su avance, lo que sin duda es cierto, oponiéndose a los hechos demostrados por cuestiones de fe. Pero son los humanos, incluso los científicos,  los que frenan los avances cuando son contra sus creencias, científicas o religiosas.

A lo largo de la historia son muchos los científicos que se han opuesto y han luchado contra nuevas ideas que iban en contra de sus creencias,  por ejemplo Lord Kelvin y su lucha contra la Evolución darwiniana, así que en ocasiones cuando algo lo dice un científico no quiere decir que sea automáticamente cierto, aunque debemos confiar en lo que dicen los científicos basándose en evidencias y no en creencias.

Por otro lado el trabajo de Albert Einstein supuso un gran cambio en nuestra forma de entender el universo, y no cabe dudar de su genialidad, aunque su trabajo es el resultado de no ignorar los resultados de experimentos como el de Michelson-Morley.

Hay que caminar a hombros de gigantes, pero hubo gigantes después de Newton, y eso es lo que los contemporáneos de Einstein no supieron ver, y los gigantes son aquellos científicos que día a día nos descubren nuevas propiedades del universo.

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